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Durante los últimos 20 años, el mundo celebró una gran noticia: cada vez menos niños y niñas morían antes de cumplir cinco años. Gracias a vacunas, mejor nutrición y más acceso a atención médica, millones de vidas fueron salvadas. Sin embargo, nuevos reportes internacionales alertan sobre una peligrosa desaceleración en estos avances. En algunos países, incluso podría haber retrocesos si no se toman medidas urgentes.
Según el Grupo Interinstitucional de las Naciones Unidas para la Estimación de la Mortalidad Infantil (IGME), en 2023 murieron 4.8 millones de niños menores de cinco años, y 1.9 millones de bebés murieron antes de nacer (mortinatalidad). Y lo más grave: muchas de estas muertes eran evitables.
Estos factores son especialmente graves en contextos de pobreza, donde el acceso a servicios de salud es limitado o inexistente.
Uno de los grandes problemas es la reducción de la inversión internacional en programas de salud infantil. Esta falta de recursos está provocando:
La Organización Mundial de la Salud advierte que, sin apoyo político y económico, podríamos perder lo ganado en las últimas décadas.
La mortinatalidad se refiere a la muerte de un bebé en el útero a partir de la semana 28 de gestación. Aunque es un tema del que poco se habla, afecta a más de 1.9 millones de familias cada año en el mundo. Muchos de estos casos podrían prevenirse con:
En países de bajos ingresos, las mujeres tienen hasta 8 veces más probabilidades de dar a luz a un bebé muerto que en países desarrollados. En zonas rurales o comunidades indígenas de México, las cifras también son preocupantes.
Aunque gran parte de la responsabilidad es de gobiernos e instituciones, como mamá o papá puedes marcar una gran diferencia en la salud de tu hijo:
La ubicación geográfica, la educación materna y el nivel socioeconómico siguen determinando la posibilidad de que un niño sobreviva o no. En México, hay una gran diferencia entre nacer en un hospital privado en una ciudad, y hacerlo en una comunidad sin servicios básicos.
Por eso, los expertos internacionales hacen un llamado para que los gobiernos prioricen la inversión en salud pública, especialmente en zonas vulnerables. Esto no solo salva vidas, sino que impulsa el desarrollo económico y social.
La mortalidad infantil y la mortinatalidad no son problemas del pasado. Aunque los avances han sido notables, hoy corren peligro por la falta de inversión y atención. Cada muerte evitable representa no solo una tragedia familiar, sino también una oportunidad perdida de construir un futuro más justo.
Como madres y padres, informarnos, exigir atención de calidad y compartir estos temas puede ser el primer paso para cambiar esta realidad.
Todos los niños merecen un comienzo digno en la vida. Y todas las familias merecen apoyo para lograrlo.
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