Celos entre hermanos: consejos importantes

20 May 2024

¿Quieres tener un segundo hijo, pero temes que esto pueda despertar los celos entre hermanos? Te dejamos algunos consejos muy útiles en este video para que la llegada de un nuevo miembro a la familia sea la más tranquila y feliz para el hermanito mayor y para todos. 

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Con la llegada de un nuevo miembro a la familia, la dinámica de la estructura familiar cambia, especialmente, todo lo relacionado con el hermanito mayor. ¿Qué pueden hacer los padres para ayudarlo y evitar, de este modo, los celos entre hermanos?

Por qué aparecen los celos entre hermanos

Los niños, aunque sean muy pequeños, tienen un sexto sentido para captar los cambios que tienen lugar a su alrededor. Y, cuando la mamá espera otro bebé, los niños pueden manifestar, ya desde el embarazo, algunas inquietudes.

- Por ejemplo, algunos se ponen muy nerviosos y tienen el sueño alterado, como si intuyeran que, en torno a ellos, está sucediendo algo muy importante.

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- En los más mayorcitos, el temor a perder el privilegio de tener a los padres solo para sí mismos puede manifestarse a través de actitudes de carácter regresivo. Hay niños que, por ejemplo, vuelven a hacerse pipí en la cama y otros que ya no quieren ir a la guardería o que quieren volver a comer purés, como los bebés. Cuando el hermanito nace, estos comportamientos pueden acentuarse y desembocar en auténticas explosiones de celos entre hermanos.

(Te interesa: Por qué vuelve a hacerse pipí en la cama)

Celos entre hermanos: la edad ideal para el segundo

Si quieres tener un segundo hijo y temes que el primogénito sea presa de los celos, tienes que tener en cuenta que no hay reglas fijas, pero que hay fases del crecimiento en las que es más fácil para el niño abrirse a nuevos afectos y aceptar la renuncia a la exclusiva dedicación de mamá y papá.

- Antes de los dos años. El primogénito es demasiado pequeño para entender con claridad qué significa la llegada de un bebé a la familia, así como para calcular cuántas ventajas y desventajas derivan de ello. A esta edad, por lo tanto, los celos entre hermanos no encuentran un terreno fértil. Si los padres quieren, es un buen momento para tener un segundo hijo.

- Entre los dos y los cuatro años. El niño atraviesa una fase de egocentrismo a la que acompaña una actitud de desafío hacia los padres. Por lo tanto, si se quiere tener un segundo hijo en este período tan delicado de su desarrollo, es necesario mostrarse muy paciente y tolerante, en espera de que los celos, inevitables, desaparezcan por sí solos.

- Hacia los cinco-seis años. El niño de esta edad ya tiene intereses y actividades extrafamiliares que lo hacen sentirse más autónomo y maduro. A esta edad, los celos entre hermanos no están ausentes, pero ceden más terreno a las ganas de compartir con mamá los meses de espera y, después, el placer de convertirse en el "cuidador" del pequeño.

Otros consejos para evitar los celos entre hermanos

- Si el mayor ya va a la escuela, es mejor que se quede algunos días en casa cuando la mamá vuelva del hospital con el hermanito. No sé sentirá excluido y le tomará confianza al bebé.

- Los padres deberían dedicar algunos espacios exclusivos al primogénito, para hacer juntos alguna cosa especial, de "mayor": leer un libro, dar un paseo, etc.

- Si el mayor tiene un momento de regresión, lo mejor es minimizar y secundar la exigencia. El niño necesita este "abastecimiento" afectivo para sentirse seguro y crecer con más equilibrio.

- Es necesario tener paciencia, incluso cuando el niño mayor demuestre con palabras toda su rabia hacia el bebé. La mejor estrategia es reformular sus afirmaciones poco "amables" de una forma positiva, sin gritarle. Por ejemplo, diciendo: "No podemos regresarlo al hospital, pero tú debes estar tranquilo porque mamá y papá te quieren mucho y para siempre".

- Es mejor que los celos hacia el hermano se manifiesten y no se repriman. Se corre el riesgo de que el hermanito mayor sienta que está solo con estas emociones negativas, y no sepa gestionarlas.

- Sin embargo, se deben impedir con decisión las posibles "agresiones físicas", desaprobando el comportamiento del niño, pero no su persona. Es decir, no hay que decirle: "Eres malo", sino: "No podemos permitir que le hagas daño a tu hermano".

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