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Los chatbots de inteligencia artificial son programas diseñados para conversar de manera similar a un ser humano. Están presentes en asistentes de voz como Siri o Alexa, en servicios de atención en línea e incluso en juguetes interactivos.
Para un niño, la experiencia puede parecer mágica: un dispositivo que responde, cuenta cuentos, resuelve dudas o hasta juega con ellos. Esta sensación de “amistad digital” explica por qué los más pequeños se sienten atraídos y, a veces, dependientes de estas herramientas.
Sin embargo, expertos en salud mental infantil y organizaciones de seguridad digital advierten sobre riesgos importantes:
Algunos chatbots no están diseñados para niños y pueden generar respuestas violentas, sexuales o falsas que confunden o asustan.
Los niños pequeños, con su pensamiento mágico, pueden desarrollar una relación de confianza excesiva con un chatbot, creyendo que realmente los “entiende” o los “quiere”.
Si el uso no se controla, un niño podría preferir interactuar con un chatbot en lugar de con otros niños o familiares, afectando su desarrollo social.
Muchos programas recopilan información de sus usuarios. Si un niño comparte datos personales, se abre la puerta a riesgos de seguridad.
La Academia Americana de Pediatría y especialistas en psicología infantil coinciden en que estas herramientas no deben reemplazar la interacción humana. El desarrollo socioemocional de los niños depende del contacto con padres, maestros y compañeros, no de la compañía de un algoritmo.
De hecho, casos reportados en medios internacionales han evidenciado que algunos chatbots dieron consejos peligrosos a menores, lo que ha encendido alertas sobre la necesidad de regulación y supervisión parental.
Los chatbots de inteligencia artificial pueden ser aliados educativos y de entretenimiento si se usan de forma moderada y supervisada. Sin embargo, no sustituyen el rol de la familia ni de los maestros en el desarrollo infantil. La clave está en acompañar a los niños en su interacción con la tecnología, enseñándoles a usarla como una herramienta, no como un sustituto de los vínculos reales.
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