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"¡Devuélvelo, no lo quiero!". Leo, de cuatro años, no es el mismo niño desde que nació su hermanito. Se ha vuelto muy caprichoso y muchas veces manifiesta claramente su malestar por la llegada del "intruso". Su mamá está muy preocupada y teme que este segundo hijo pueda originar un enorme e inesperado desequilibrio en el seno familiar, donde antes se respiraba un ambiente tranquilo y alegre.
Qué decir: "Leo, tienes razón; este niño llora mucho. Entiendo que te enojes. Ven aquí, vamos a leer un cuento".
Por qué: Es importar animar al hermano mayor a expresar los sentimientos negativos que siente hacia el recién llegado. Esta posibilidad atenúa su frustración y la sensación de marginación. Al mismo tiempo, le permite verbalizar el miedo (muy común en los niños que acaban de tener un hermanito) de perder el cariño de sus papás.
Qué no decir: "¡Eres muy malo! Sólo los niños malos no quieren a sus hermanitos".
Por qué no: Es posible que, junto al sentimiento de ira hacia su hermanito, el hermano mayor también desarrolle un confuso remordimiento por la acogida hostil que le ha reservado. Es mejor no decir nunca nada que pueda enfatizar el sentimiento de culpa, porque el malestar por el nacimiento de otro niño, al principio, moderado y temporal, podría cobrar más importancia y prolongarse en el tiempo.
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