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La tolerancia a la frustración es la capacidad de mantener la calma cuando algo no sale como se espera. En la infancia, esto se traduce en no llorar o enojarse de inmediato cuando pierden un juego, cuando tienen que esperar su turno o si se les niega algo.
Entre los 3 y 8 años, los niños aún están construyendo sus recursos internos para enfrentar el “no” o el “todavía no”. Una baja tolerancia puede manifestarse en explosiones de ira, llanto, ansiedad o evitación de retos. Por eso es tan importante enseñarles a tolerar el error, el tiempo de espera y la pérdida, sin que eso afecte su autoestima o motivación.
Jugar no solo es una forma de pasar el rato: también es una estrategia educativa emocional. A continuación, algunas actividades que puedes incorporar en casa.
Armar un rompecabezas o una torre de bloques puede ser desesperante… ¡y ahí está el aprendizaje! Los errores al colocar piezas o ver caer una construcción ayudan a fortalecer la paciencia y la perseverancia. Empieza por versiones sencillas e incrementa la dificultad conforme toleren mejor la frustración.
Juegos como Serpientes y Escaleras, Uno o La Oca son perfectos para enseñar a esperar el turno, seguir reglas y aceptar la derrota. Es importante validar sus emociones si se sienten mal al perder, pero también reforzar la idea de que el juego es diversión, no competencia.
El Jenga o el Dominó requieren concentración y toma de decisiones. Cuando el resultado no sale como esperaban, los niños pueden aprender a manejar la decepción y planificar mejor para la próxima vez.
Además del juego estructurado, hay hobbies que favorecen la tolerancia a la frustración mientras divierten.
Dibujar, pintar, moldear plastilina o hacer collage les permite expresar emociones difíciles como el enojo o la decepción. Es común que se frustren si su dibujo “no sale bonito”, pero con apoyo pueden aprender a valorar el proceso más que el resultado.
Historias como “Hoy perdiste, pero el camino sigue” o “Eres el dueño de tus emociones” permiten que los niños se identifiquen con personajes que también sienten frustración y descubran formas sanas de afrontarla.
La música tiene efectos calmantes en el sistema nervioso. Puedes crear una playlist con canciones infantiles suaves o melodías instrumentales para ayudar a tu hijo a recuperar la calma tras un berrinche.
Actividades como contar hasta 3 al inhalar y hasta 4 al exhalar ayudan a reducir el estrés en momentos de frustración. Puedes usar cuentos guiados como “Respira Conmigo” o juegos de soplar burbujas para enseñar esta técnica de forma divertida.
Fomentar la tolerancia a la frustración en los niños no se trata de evitarles el enojo o la tristeza, sino de enseñarles a convivir con esas emociones. Los juegos, pasatiempos y momentos cotidianos pueden ser aliados clave en este proceso. Si acompañas con paciencia, ejemplo y empatía, estarás criando a un niño emocionalmente fuerte y preparado para enfrentar la vida con resiliencia.
A partir de los 6 años pueden empezar a regular mejor sus emociones, pero cada niño tiene su propio ritmo. Lo importante es acompañar y reforzar el aprendizaje con paciencia.
Mantén la calma, valida sus emociones (“entiendo que estés molesto”) y después de que se tranquilice, conversen sobre lo que sintió y qué puede hacer diferente la próxima vez.
Sí. Aprender a perder con dignidad es tan importante como saber ganar. Lo ideal es crear un entorno donde el error se vea como parte del aprendizaje.
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