¿Cómo ayudar a tu hijo a ser autónomo?

11 Oct 2022
Niño aprende a cuidar de si mismo

La autonomía se aprende desde pequeños y son los adultos que acompañan al niño los responsables de fomentarla. Pero ¿cómo podemos educar a nuestros hijos para que aprendan a valerse por sí mismos y sean, en un futuro, adultos seguros e independientes? Los expertos nos dan las claves para conseguirlo.

La autonomía es la manifestación más evidente de la independencia de una persona. Es una cualidad que nos permite ser originales, creativos, independientes, pensar por nosotros mismos, tomar nuestras propias decisiones, asumir responsabilidades y aceptar consecuencias. Es la expresión más pura de nuestra propia personalidad y se consolida a través de multitud de experiencias a lo largo de la vida.

La autonomía es un indicador de madurez y se encuentra íntimamente ligada con el desarrollo moral e intelectual de la persona. Por eso, resulta fundamental fomentar su desarrollo desde que son bebés. Como sucede en cualquier otro ámbito, algunos niños nacen con una mayor predisposición a la autonomía (desde que tienen pocos meses de vida, se les ve atrevidos, curiosos, con iniciativa...) y otros, con menos (son más retraídos, temerosos, están a la expectativa…).

Sin embargo, en la mayoría de los casos, son los adultos que les rodean quienes más influyen en estos comportamientos, fomentando una actitud más o menos dependiente. Porque, como sucede con cualquier otra cualidad, también se puede aprender a ser autónomo.

¿Cómo se construye la autonomía en el niño?

En el fondo, este proceso vital de aprendizaje y construcción de la personalidad se reduce a pasar de dejar que nuestras acciones estén gobernadas por una persona externa (padres, docentes, etc.) a hacerlo por uno mismo. Cuando alguien es capaz de gobernarse a sí mismo, será menos gobernado por los demás y, por lo tanto, más libre y más autónomo.

Si comprendemos esta situación tan básica, será fácil entender que, como padres o adultos responsables, nuestra labor no es otra que la de ir ayudando a los pequeños a desarrollar esas habilidades que, en un futuro, les van a permitir emanciparse. Pero ¿cómo se hace eso? La respuesta es sencilla: entrenándolos.

Simplemente, se trata de ir promoviendo y facilitando situaciones en el día a día en las que los niños puedan practicar estas habilidades: desde comer solos o tirar su pañal a la basura, hasta resolver desacuerdos entre hermanos.

También hay que encontrar momentos en los que tengan la posibilidad de elegir entre varias opciones (decididas de antemano por el adulto, claro), porque esa libertad genera compromiso, motivación y también responsabilidad, elementos fundamentales para el desarrollo de la autonomía.

Asimismo, es importante aprovechar estas situaciones para cultivar hábitos de esfuerzo, sacrificio y autodisciplina, porque esto les ayudará a definir su carácter y a desarrollar un amor propio que potenciará su capacidad de autosuperación.

Todo ello contribuirá al enriquecimiento de las funciones ejecutivas, entre las que destaca especialmente el autocontrol, herramienta fundamental para el desarrollo natural de la autonomía y la independencia personal.

La importancia de los límites y las normas

Por contradictorio que parezca, para que un niño desarrolle adecuadamente su autonomía, resulta imprescindible establecer (y enseñar a respetar) una serie de límites y normas. Estos fijan un marco de referencia y actuación para el menor, y le proporcionan seguridad y una mejor comprensión de la realidad.

Es normal que los pequeños transgredan habitualmente estos límites, porque necesitan saber las consecuencias que estas actuaciones tienen. Pero, una vez aprendido esto, lejos de constreñir o limitar la autonomía del niño, lo que hacen estas normas es clarificar las reglas de juego.

De esta forma, el niño entenderá que es precisamente dentro de estos límites donde puede ejercer su autonomía. La clave está en ir ampliando estos límites a medida que los pequeños van creciendo, para ir ajustándose a los distintos grados de autonomía que pueden llegar a gestionar.

Sobreprotección: cómo afecta a la autonomía del niño

La hiperpaternidad o crianza sobreprotectora limita gravemente las posibilidades de desarrollo de la autonomía de los niños. Con la mejor de las intenciones, y bajo la excusa de evitar fracasos, frustraciones y sacrificios a sus hijos, los padres sobreprotectores arrebatan a los niños la posibilidad de aprender a gestionar estas emociones y, por lo tanto, la posibilidad de responsabilizarse de sus propios actos (puesto que, en realidad, nunca hacen nada por sí mismos).

Esta falta de entrenamiento, a la larga, termina generando personas completamente dependientes, sin habilidades propias para gestionar situaciones adversas o hasta el más mínimo contratiempo. Y tarde o temprano, termina apareciendo el sentimiento de frustración y fracaso.

Además, este tipo de modelo de crianza tampoco favorece el desarrollo de un autoconcepto positivo, ya que tiende a transmitir la sensación de que el niño no es capaz de hacer nada por sí mismo.

Con nuestros actos, estamos anticipándoles unas expectativas de lo que son capaces de llegar a hacer. Cuando los límites son demasiado estrechos y el margen de actuación es mínimo, los niños tienden a interiorizar e interpretar que no van a ser capaces de hacer las cosas por sí solos, así que no vale la pena ni intentarlo.

Es lo que habitualmente se conoce como “profecía autocumplida” o “efecto Pygmalion”, ya que los actos de los padres tienden a favorecer comportamientos de sus hijos que confirmen sus expectativas iniciales, aun cuando estas infravaloren sus capacidades.

La clave: respetar los ritmos del niño

Tampoco se trata de abandonar a los niños a su suerte pensando que así son más libres. Dejarles a la deriva, a la larga, solo generará inseguridades, ansiedad y sensación de abandono. Como en todo, hay que alejarse de los extremos para encontrar el punto de equilibrio entre una crianza hiperprotectora y un modelo de paternidad ausente.

Es importante acompañar a los niños con cariño, respeto, y dándoles el espacio y el tiempo que necesiten, porque cada uno tiene su propio ritmo y debemos respetarlo. Y, sobre todo, hay que saber dar un paso al lado cuando empecemos a detectar señales de que son capaces de empezar a volar solos.

¿Cómo saber si mi hijo es autónomo? Hitos de autonomía según la edad del niño

No existe una ciencia exacta que determine a qué edad los niños tienen que hacer según qué cosas. En cualquier caso, en términos de autonomía, sí que podemos observar algunas evidencias o hitos de maduración. Estos son solo algunos ejemplos:

Hasta los 2 años

  • Prefiere comer solo y apenas pide ayuda (con sus manos o cubiertos).
  • Siente curiosidad hacia la comida, come todo tipo de alimentos y los manipula.
  • Investiga, revuelve, abre cajones, se interesa por descubrir su habitación, su casa, etc.
  • Reconoce las normas básicas establecidas (recoger antes de sacar más juguetes, ponerse babero para comer, etc.).
  • No le importa jugar solo y se entretiene períodos variables de tiempo sin el adulto.
  • Muestra interés por imitar o ayudar en las tareas del hogar.
  • Se esfuerza hasta conseguir las cosas y reclama ayuda si no consigue algo.
  • Anticipa situaciones repetitivas (horarios, rutinas diarias, etc.).
  • Aprende de las experiencias pasadas y actúa según ellas para obtener el máximo beneficio en sus juegos e interacciones.
  • Comienza a indicar sus necesidades de aseo personal.

De 3 a 6 años

  • Come solo cualquier tipo de alimento sin ayuda y muestra interés en la preparación de los alimentos (colabora según sus posibilidades).
  • Conoce los lugares en los que pasa el tiempo y se desplaza por ellos con seguridad e independencia (casa, colegio, etc.). Incluso identifica y asocia elementos de la ciudad a lugares que ha visitado antes.
  • Se entretiene solo y puede estar largos períodos de tiempo (15-30 minutos) sin supervisión.
  • Muestra interés en las tareas domésticas y colabora en la medida de sus posibilidades.
  • Se preocupa por recoger y mantener el orden de sus juguetes, sus libros, etc.
  • Respeta las reglas de los juegos en los que participa.
  • Actúa de forma independiente y atrevida en parques y espacios similares.
  • Realiza pequeñas tareas o recados que impliquen asumir pequeñas responsabilidades sin problema (llevar o decir algo a alguien, etc.).
  • Anticipa momentos o rutinas cotidianas y se adapta a ellas (poner la mesa antes de comer).
  • Se viste y realiza rutinas básicas de higiene y aseo personal sin ayuda (salvo la ducha o el cepillado de dientes).

inaki pastor

inaki pastor

Beatriz Castro Bayón
Psicopedagoga y maestra de Educación Infantil

Óscar Casado Berrocal
Doctor en Educación, maestro de Educación Primaria y Licenciado en Educación Física

@oscar_casado

Autores de Niños autónomos (Plataforma Editorial)

REDACTORA MI BEBÉ Y YO. Coordinadora de la sección Mujer Hoy, y experta en embarazo, bebés y niños.

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Comentarios (5)

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dahnae_ponce
Muy buen artículo, gracias
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Caro_av93
Me encantan sus artículos... gracias por tanta información
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Ana cris Alvarez
Gracias por la información, mi niña de dos años ya sabe hacer muchas cosas solitas ????
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besquilupxoch
Hola, gracias x está información es de mucha ayuda ????
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Bonitabrujilla
Hola buen día!
Me encanta sus artículos me han sido de gran ayuda para ponerlos en práctica con mi pequeño de 20 meses