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Mi abuela, que era enfermera, me enseñó el principio más básico en la medicina y las ciencias de la salud, una locución latina (primum non nocere) que significa: primero no hacer daño. Una máxima que rompemos los profesionales cuando perpetuamos mitos y falsas creencias entre las familias con las que trabajamos.
(Te interesa: ¿Qué es el autismo leve y cómo detectarlo? Los grados de autismo)
Ocurre cuando hacemos referencia a los niños con autismo. Parte del cambio que estamos viviendo con respecto al autismo es dejar de entender como patológicos aspectos que forman parte de un desarrollo natural. Muchos mitos circulan alrededor de cómo adquieren y desarrollan el lenguaje los niños autistas y con estas líneas, y en motivo del Día Mundial del Orgullo Autista, pretendo desterrar estos mitos y arrojar algo de luz en el camino de muchas familias.
Nos parece que los bebés y los niños autistas no muestran interés en comunicarse con otras personas. Su contacto visual puede ser escaso y prefieren actividades tranquilas, que no implican interacción social. Sin embargo, hemos confundido estos desafíos en las relaciones sociales con una falta intrínseca de afecto por los demás. De hecho, muchos profesionales siguen promulgando falsas teorías formuladas hace más de 70 años, en las que, además de afirmar que el niño autista no puede elaborar vínculos, culpabilizan a las madres de su condición.
La clave para comprender el autismo es un cambio en nuestra mirada y en la interpretación que hacemos sobre el comportamiento de los niños, ya que todos nuestros actos comunican. Incluso cuando tu hijo no quiere ponerse los zapatos, puede estar comunicando que le lastiman, que el color no le gusta o que prefiere quedarse en casa.
Como consecuencia de los desafíos que experimentan los peques autistas, pueden sentirse incómodos con actos que relacionamos con el afecto o la conexión, como podría ser el contacto visual. Sin embargo, no se trata de un requisito necesario para adquirir el lenguaje, ni tampoco para disfrutar del tiempo juntos.
Cambiar la mirada hacia el autismo también incluye dejar de obligar a los peques a comportarse de una forma neurotípica, en la que se les pide ceñirse a conductas estándar que hacen sentir bien al entorno, pero no al niño. Buscar y reconocer otras formas de conectar con tu hijo te permitirá construir un vínculo sano con él.
Para expresarse, algunos niños autistas utilizan frases que han escuchado antes. Es habitual oírles recitar parte de una escena de sus dibujos animados favoritos, incluso con la misma entonación que el personaje. A esto se le conoce como "ecolalias" y se debe a un desarrollo gestáltico del lenguaje.
Hoy en día sabemos que el lenguaje puede desarrollarse de forma analítica y gestáltica, y que ambas son maneras naturales de adquisición del lenguaje:
Ignorar o castigar las expresiones gestálticas es privar a los niños de un recurso de habla válido y natural.
Algunos peques autistas tardan en desarrollar el lenguaje oral. Cuando esto sucede, se recomienda consultar con una logopeda o un especialista en sistemas aumentativos y alternativos de la comunicación (SAAC). Estos sistemas se utilizan para facilitar la comunicación entre el niño y su entorno, e incluyen el uso de pictogramas, signos o palabras escritas, por ejemplo.
Por desgracia, todavía existe la falsa creencia de que los niños no desarrollarán el habla si se les acostumbra a emplear otros mecanismos para comunicarse. Se piensa que son flojos por naturaleza y que, como les cuesta tanto hablar, preferirán no tener que esforzarse en hacerlo. Sin embargo, lo que estas teorías no contemplan es que el habla es la forma más eficiente de transmitir comunicación que albergamos los seres humanos.
Comunicarse con gestos, con pictogramas o escribiendo en una libreta, siempre será más lento e implicará un coste energético más alto para nuestro cerebro que el lenguaje oral. De forma que, en el momento en que el niño es capaz de usar el habla de manera efectiva, abandonará cualquier otro recurso que suponga una barrera para relacionarse con los demás.
El autismo es una condición con la que se nace. Desgraciadamente, existe una tendencia a atribuir y a culpabilizar al funcionamiento familiar de aspectos relacionados con el desarrollo del cerebro antes del nacimiento. El desarrollo lingüístico de un niño con autismo poco tiene que ver con el estilo de crianza.
Sin embargo, tampoco podemos ignorar la influencia que posee la madre o el padre sobre su salud mental y el aprendizaje de habilidades que le van a ayudar a desenvolverse en el mundo. Vincularte con tu hijo desde el apego seguro supone un factor protector para un desarrollo cerebral sano. Son aspectos clave: responder a sus necesidades de forma sensible, respetuosa y coherente; controlar las expectativas sobre cómo debería ser y quién en realidad es; y ayudarle a interpretar lo que ocurre dentro y fuera de él.
La infancia de un peque autista puede estar rodeada de profesionales que intenten transmitir su punto de vista sobre tu dinámica familiar. Rodéate de personas que sepan acompañarte de forma respetuosa en los momentos de vulnerabilidad.
Tu estilo de apego y de crianza va a ser importante para el crecimiento de tu hijo, pero rellenar la mochila de la culpa con falsas creencias de otros, lo único que va a hacer es restarte energía que, sin duda, les pertenece a ti y a tu hij@.
Alejandra Gómez-Raya
Lopopeda. Especialista
en comunicación
y lenguaje en la primera infancia.
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La autora de este artículo, Alejandra Gómez-Raya, ha escrito el libro Cómo no estimular el lenguaje: 12 errores comunes y su solución, que puedes comprar a través de Amazon.
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