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“¿Por qué tenemos que romantizar las estrías y la piel colgante?”: la reflexión sobre el cuerpo posparto que está dando de qué hablar
Una influencer ha puesto palabras, con mucho humor e ironía, a algo que muchas madres sienten tras dar a luz: que el cuerpo posparto puede ser maravilloso por lo que ha vivido, sí, pero también difícil de reconocer, aceptar o habitar. El video merece verse hasta el final.
Después de dar a luz, muchas mujeres se miran al espejo y no siempre se reconocen. La barriga, la piel, las estrías, el pecho, la cicatriz, la flacidez, la hinchazón, la postura, el cansancio acumulado… El cuerpo cambia, y aunque nos repitan que ese cuerpo ha creado vida y que merece amor, respeto y paciencia, la realidad emocional puede ser bastante más compleja.
Eso es precisamente lo que ha expresado una influencer en un vídeo sobre el posparto que está dando que hablar. Lo hace desde el humor, la ironía y una honestidad muy reconocible, cuestionando esa idea de que, después de parir, tenemos que amar automáticamente cada marca, cada cambio y cada nueva forma de nuestro cuerpo.
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El cuerpo posparto no siempre se acepta de golpe
“¿Por qué tenemos que romantizar las estrías y las carnes "colganderas"?". La frase es directa, pero conecta con algo que muchas madres sienten y no siempre se atreven a decir.
Sí, el cuerpo que ha gestado, parido o alimentado a un bebé ha hecho algo enorme. Ha sostenido una vida y necesita tiempo, cuidados y respeto. Pero reconocer eso no significa que una tenga que mirarse al espejo y sentirse estupenda todos los días.
Se puede estar profundamente agradecida por haber tenido un bebé y, al mismo tiempo, echar de menos el cuerpo de antes. Se puede querer al hijo o hija con locura y no amar cada cambio físico que ha dejado el embarazo. Una cosa no anula la otra.
Los comentarios lo confirman: cada madre vive su cuerpo posparto de una forma distinta
Una de las cosas más interesantes del vídeo es el debate que ha generado. En los comentarios, muchas madres han reconocido ese “shock” al mirarse tras dar a luz. “Menos mal que alguien lo dice claro”, “lo has clavado” o “tienes todo el derecho a sentirte como te dé la gana” son algunas de las reacciones.
También hay otras vivencias: madres que aseguran que, después del parto, su cuerpo era lo que menos les preocupaba; mujeres que defienden el autocuidado, el ejercicio o los hábitos saludables; y otras que recuerdan que el cuerpo cambia con los años, con hijos o sin ellos.
Ahí está el punto importante: no todas las madres necesitan el mismo discurso. A algunas les ayuda pensar que su cuerpo ha hecho algo extraordinario. A otras, poder decir “no me gusto ahora mismo” sin que nadie las corrija. Algunas quieren mejorar físicamente, otras no tienen ganas, tiempo ni necesidad de hacerlo, y otras se sienten bien tal y como están.
Y luego está el final del video, que muchas usuarias han celebrado con carcajadas. La referencia a cómo le ha quedado la vulva tras el parto ha provocado bromas, dudas y mucha complicidad. Un cierre que recuerda que también se puede hablar del posparto desde el humor, sin dejar de decir verdades.
No pasa nada por no verte bien
Durante mucho tiempo, a las mujeres se les exigió “recuperar el cuerpo” cuanto antes después de parir. Después llegó un mensaje necesario: aceptar el cuerpo, respetar sus tiempos y no castigarlo por haber cambiado.
Pero incluso ese mensaje puede convertirse en presión si parece obligatorio amar cada estría, cada pliegue o cada nueva forma. Y no debería ser así.
Aceptar el cuerpo no siempre significa que todo te guste. A veces significa dejar de pelearte con él. Otras, darle tiempo. Otras, permitirte sentir incomodidad, tristeza o frustración sin culparte por ello. Y otras, tomar decisiones para sentirte mejor, sin que nadie tenga derecho a juzgarte.
También hay madres que se sienten bien con su cuerpo posparto y no desean cambiar nada. Y eso es igual de válido.
El posparto no necesita más normas sobre cómo debe sentirse una madre. Necesita menos juicio y más espacio para vivirlo de verdad.
Puedes querer tus estrías o no quererlas. Puedes enseñar tu tripa o taparla. Puedes querer cambiar algo o decidir que así estás bien. Puedes sentirte fuerte un día y vulnerable al siguiente.
Todo eso puede formar parte del mismo proceso. Y todo eso puede convivir con ser una buena madre.

















