• Mi bebé y yo
  • Noticias
  • Condenada por aislar a oscuras a un bebé de 22 meses en la guardería como “método educativo”: estas son las señales que alertaron a su familia

Condenada por aislar a oscuras a un bebé de 22 meses en la guardería como “método educativo”: estas son las señales que alertaron a su familia

4 Sep 2026
condena guardería bebe a oscuras

En Almería, España, se confirma un año de prisión para la exdirectora de una guardería que aislaba al pequeño cuando lloraba. El caso plantea además una cuestión importante para las familias: cómo detectar que algo no va bien cuando un niño aún no sabe contarlo.

Con 22 meses, un niño puede mostrar que tiene miedo, que está incómodo o que algo le preocupa. Lo que todavía resulta mucho más difícil es que pueda explicar qué ha ocurrido, quién estaba presente o por qué no quiere volver a un determinado lugar.

Por eso, cuando son tan pequeños, su comportamiento puede aportar información valiosa. No para sacar conclusiones precipitadas, pero sí para prestar atención cuando aparecen cambios importantes que antes no estaban ahí.

Eso fue lo que sucedió en el caso de un pequeño de una guardería de Oria, en Almería. Los hechos ocurrieron en septiembre de 2020, pero la noticia llega ahora, seis años después: la Audiencia Provincial de Almería ha confirmado de forma firme la condena contra la que entonces era directora y cuidadora del centro.

Qué ocurrió en la guardería de Oria

Entre el 1 y el 10 de septiembre de 2020, la responsable del centro aisló en varias ocasiones al niño, que tenía entonces 22 meses, cuando lloraba o se mostraba intranquilo.

Según los hechos considerados probados por la Justicia, lo apartaba del resto de los pequeños y lo dejaba sentado en una silla dentro de un almacén o dependencia del centro, sin luz y con la puerta parcialmente cerrada.

La Audiencia Provincial de Almería ha confirmado la condena de un año de prisión por un delito contra la integridad moral, además de la inhabilitación para desempeñar profesiones u oficios relacionados con menores durante el tiempo de la pena y una indemnización de 1,500 euros (30 mil pesos aproximadamente) por daños morales. La sentencia ya está dictada.

La “silla de pensar” como argumento educativo: la Justicia lo rechaza

Durante el proceso, la defensa trató de relacionar el aislamiento con una práctica similar a la conocida popularmente como “silla de pensar”.

El tribunal no aceptó esa explicación. Para valorar los hechos tuvo en cuenta no solo que el niño fuera apartado, sino las circunstancias en las que ocurría: su corta edad, el aislamiento, la oscuridad, la reiteración de la conducta y la posición de autoridad de la adulta frente a un bebé especialmente indefenso.

La cuestión resulta relevante más allá de este caso concreto. Acompañar a un niño que llora o necesita recuperar la calma no es lo mismo que utilizar el aislamiento o una situación que le provoca miedo para modificar su comportamiento.

QUÉ ES LA TÉCNICA DEL "RINCÓN DE PENSAR"

Las señales que alertaron a la familia

Lo que estaba ocurriendo en la guardería acabó reflejándose también en casa. La familia observó que el niño había perdido apetito, dormía peor, lloraba por las mañanas, mostraba temor ante otras personas y había desarrollado miedo a la oscuridad. Durante el procedimiento, además, una trabajadora del centro declaró haber encontrado al pequeño solo en aquella dependencia después de haber estado llorando.

Estos cambios adquirieron importancia dentro del conjunto de pruebas del caso. Pero trasladarlos a cualquier otro niño exige mucha prudencia: una mala noche, un berrinche antes de ir a la guardería o unos días comiendo peor no significan que exista una situación de maltrato.

Y aquí comienza la parte verdaderamente útil que este caso puede dejar a otras familias.

Guía práctica: cuando todavía no saben decirnos qué les pasa

En los menores de tres años, las situaciones de estrés pueden manifestarse de formas muy diferentes. UNICEF incluye entre ellas cambios en el sueño y la alimentación, más llanto o irritabilidad y la aparición de miedos que antes no existían.

Las guías de protección de la infancia hacen además una precisión fundamental: una señal aislada no permite concluir que exista maltrato. Resulta más significativo que aparezcan varios cambios, sean persistentes o supongan una ruptura clara con el comportamiento habitual del niño.

Por eso, más que buscar una lista cerrada de “síntomas”, puede resultar útil observar tres cosas: qué ha cambiado, desde cuándo y en qué contexto ocurre.

Si un niño que se quedaba tranquilo comienza repentinamente a experimentar una angustia muy intensa al acercarse a la guardería; si aparece un miedo nuevo relacionado con una situación concreta; o si los cambios de sueño, alimentación o comportamiento son importantes y se prolongan, merece la pena intentar comprender qué está pasando.

No significa pensar automáticamente en el peor escenario. Significa no ignorar lo que el niño está expresando de la única manera de la que quizá dispone.

Qué podemos preguntar en la guardería

El inicio de curso es también un buen momento para interesarnos por cómo gestiona el centro educativo los momentos menos fáciles del día.

¿Qué hacen cuando un niño no deja de llorar? ¿Cómo acompañan un berrinche? ¿Puede quedarse algún pequeño sin supervisión? ¿Utilizan espacios separados para tranquilizarse y, si es así, cómo funcionan? ¿Cómo comunican a la familia un episodio especialmente difícil?

Preguntar estas cosas no implica desconfiar de los profesionales. Al contrario, una guardería que explica con naturalidad sus pautas de cuidado y mantiene una comunicación fluida con las familias ayuda también a generar confianza.

Observar sin convertir la guardería en un motivo de miedo

Para muchas familias, dejar por primera vez a un bebé en la guardería supone ya una pequeña revolución emocional. Hay separación, adaptación y dudas, tanto para los niños como para los adultos.

Este caso no debería servir para alimentar esa inquietud ni para interpretar cada llanto como una señal de alarma.

Sí puede recordarnos algo mucho más sencillo: conocer bien a nuestros hijos también significa prestar atención a sus cambios. Preguntar cuando algo nos desconcierta, escuchar a quienes los cuidan y buscar explicaciones cuando una conducta persiste.

Durante un tiempo, antes de aprender a contarnos qué les ha pasado, los niños nos hablan de muchas otras maneras. Estar atentos a ese lenguaje no exige vivir con miedo. Solo estar presentes.

EMPIEZA LA ESCUELA INFANTIL: LAS CLAVES DE UNA BUENA ADAPTACIÓN

Elena RuizElena Ruiz
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza

Te puede interesar…

Y tú ¿Qué opinas?
Escoge un avatar
avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar avatar
Enviar Comentario
Comentarios (0)