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¿Cómo es posible? Un padre recorre 140 kilómetros sin darse cuenta de que su hijo se había quedado en una gasolinera
El menor se bajó del coche durante una parada en una estación de gasolina y el vehículo reanudó la marcha sin él. Fue la policía la que consiguió localizar a su familia kilómetros después. Un susto difícil de imaginar que deja también una importante lección cuando viajamos con niños.
Hay noticias que obligan a leer el titular dos veces. ¿De verdad puede una familia continuar un viaje sin darse cuenta de que uno de sus hijos no ha vuelto a subir al coche? Por sorprendente que resulte, eso es precisamente lo que ocurrió este domingo en una estación de gasolina en Cáceres, España.
Un menor viajaba acompañado de su padre, un amigo de este y su hermano cuando el grupo realizó una parada en una gasolinera. Según la información facilitada por la policía y recogida por la agencia EFE, las cámaras de seguridad permitieron reconstruir lo sucedido: el niño se bajó del vehículo, pero no volvió a subir antes de que los demás reanudaran el viaje.
Ninguno de sus acompañantes se percató en ese momento de que faltaba.
La policía localizó el coche 140 kilómetros después
Los hechos comenzaron alrededor de las 20:30 horas del domingo 30 de agosto. Tras recibir la alerta de que había un menor solo en la estación de servicio, la policía inició las gestiones necesarias para identificar y localizar el vehículo.
Los agentes averiguaron que el coche continuaba circulando en dirección norte y organizaron un dispositivo.
No consiguieron localizarlo hasta cerca de las 23:00 horas, cuando el vehículo se encontraba ya a la altura de Hervás (Cáceres). Había recorrido aproximadamente 140 kilómetros desde la gasolinera.
Según EFE, fue al ser localizados por la policía cuando sus ocupantes se percataron de que el niño no estaba con ellos. Una vez conocida la situación, emprendieron el camino de regreso para reunirse con él.
Mientras tanto, el menor había quedado atendido y acompañado por agentes de seguridad, hasta que pudo reencontrarse con su familia. Afortunadamente, todo terminó en un enorme susto.
¿Cómo puede suceder algo así?
Probablemente sea la pregunta que se haga cualquier madre o padre al conocer la noticia.
Desde fuera resulta difícil imaginar que un coche pueda recorrer tantos kilómetros antes de que alguien advierta que falta uno de sus ocupantes. Sin embargo, no se conocen públicamente las circunstancias concretas que provocaron el despiste y sería injusto intentar reconstruirlas sin información.
Lo que sí pone de manifiesto este caso es algo mucho más cotidiano: una parada durante un viaje rompe durante unos minutos todas las rutinas del coche.
Un adulto entra en la tienda, otro va al baño, un niño baja primero, otro vuelve antes, alguien aprovecha para comprar agua... Y, cuando viajan varias personas, también puede aparecer algo tan humano como dar por hecho que otra persona ya ha comprobado determinada cosa.
Precisamente por eso puede ser útil convertir la comprobación de los niños en una rutina automática, exactamente igual que abrocharnos el cinturón antes de arrancar.
La propia policía, después de este caso, ha insistido en la importancia de comprobar que todos los ocupantes han regresado al vehículo antes de volver a ponerse en marcha.
6 trucos sencillos para evitar un despiste durante una parada
No hace falta convertir cada parada en una operación militar. Unas rutinas muy sencillas pueden reducir considerablemente las posibilidades de que las prisas o una confusión nos jueguen una mala pasada.
1.Hacer siempre un “recuento” antes de arrancar
Puede parecer exagerado hasta que se convierte en costumbre. Basta con decir los nombres de quienes viajan y recibir una respuesta de cada uno. Con bebés o niños que todavía no pueden responder, la comprobación tiene que ser necesariamente visual.
2. Mirar físicamente todos los asientos
No basta con pensar “ya estamos todos”. Antes de iniciar la marcha, una mirada rápida a las plazas traseras permite comprobar a la vez que están los niños y que llevan correctamente colocado el cinturón o su sistema de retención.
El conductor debe comprobar que los ocupantes llevan puesto correctamente el cinturón y que los niños utilizan el sistema de retención infantil que les corresponde.
3. Que un adulto sea el encargado de comprobarlo
Cuando viajan varios adultos puede darse una situación paradójica: todos creen que otra persona está pendiente del niño.
Una solución doméstica muy sencilla es establecer quién hace la última comprobación antes de arrancar. No porque los demás dejen de vigilar, sino porque así existe una persona claramente responsable de confirmar: “Estamos todos”.
4. Crear una regla para las paradas
Por ejemplo: nadie vuelve al coche, cambia de zona o entra en una tienda sin avisar. Y ningún niño abandona el punto acordado sin que uno de los adultos lo sepa.
Con los más pequeños, el adulto debe ser quien los ayude a subir y bajar del vehículo y prestar especial atención a esos momentos.
5. No arrancar hasta comprobar los cinturones
Es una excelente “última barrera”. Si antes de salir comprobamos asiento por asiento que cada pasajero está sentado y correctamente sujeto, estamos haciendo al mismo tiempo un recuento de todos los ocupantes.
Con bebés y niños pequeños, además, esta comprobación permite revisar que el arnés o cinturón del sistema de retención infantil esté correctamente colocado.
6. Hacer las paradas sin prisas
Es recomendable planificar los descansos en los viajes largos y parar aproximadamente cada dos horas o 200 kilómetros. Saber de antemano dónde vamos a detenernos ayuda también a que esos momentos sean algo más organizados.
Con niños, una parada puede significar baño, comida, pañales, agua, movimiento y mil pequeñas necesidades al mismo tiempo. Reservarle unos minutos más y evitar la sensación de “tenemos que salir ya” nunca está de más.
Un aviso para todas las familias, no un motivo para señalar
Es fácil escuchar una historia así y pensar: “A mí jamás me podría pasar”. Quizás sea más útil convertir esa sorpresa en una pequeña medida preventiva.
Cuando tenemos un bebé, comprobar constantemente dónde está, cómo va sentado o quién lo lleva suele formar parte de nuestros automatismos. A medida que los niños crecen y ganan autonomía, algunas de esas comprobaciones pueden ir relajándose casi sin darnos cuenta.
Eso no significa vivir con miedo ni desconfiar de nuestros hijos. Significa conservar una rutina extremadamente sencilla: antes de volver a arrancar después de cualquier parada, comprobar que estamos todos.







