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¿Deberían ir a la misma clase niños que se llevan casi un año? Escucha la reflexión que está dando que hablar entre muchas familias
En una misma clase de Infantil puede haber casi un año de diferencia entre dos pequeños. Sobre el papel pertenecen al mismo curso, pero ¿están realmente en el mismo momento madurativo? Un video ha puesto palabras a una cuestión que muchas familias reconocen enseguida.
- Once meses a los tres años no son lo mismo que once meses a los treinta
- La propia normativa infantil habla de respetar el ritmo de cada niño
- ¿Hay realmente evidencia de que ser de los pequeños de la clase influya?
- “Cada niño tiene su ritmo”: el matiz que también hacen los profesores
- Si tu hijo es de final de año, estas 5 ideas pueden ayudarte a ponerlo en perspectiva
“Estos dos niños van a estar en la misma clase. Uno nació en enero y el otro en diciembre. Se llevan exactamente once meses de diferencia”.
Así comienza el video de Daniel López Ortega, conocido en redes como Profe Danny (@dlo.lopez), profesor de Educación Infantil, creador de contenido educativo y autor de varios libros sobre infancia y educación. Lleva más de doce años dedicado a la enseñanza y suele compartir en redes situaciones y reflexiones surgidas del día a día en las aulas.
Esta vez pone el foco en una circunstancia que muchas madres y padres de niños nacidos a finales de año conocen bien: ¿qué significa realmente que dos pequeños pertenezcan al mismo curso cuando entre ellos puede haber hasta casi doce meses de desarrollo?
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Once meses a los tres años no son lo mismo que once meses a los treinta
La comparación que plantea López en el video es muy visual.
Cuando un bebé empieza a introducir nuevos alimentos, otro once meses menor puede encontrarse todavía en una etapa completamente diferente. Cuando uno comienza a ponerse de pie, el otro quizá apenas esté descubriendo las posibilidades de movimiento de su cuerpo. Y cuando uno empieza a pronunciar sus primeras palabras, el desarrollo del otro se encuentra todavía en otro momento.
Unos años después, sin embargo, ambos pueden compartir la misma clase.
Al comienzo del primer curso del segundo ciclo de Infantil, por ejemplo, un niño nacido a principios de año puede acercarse ya a los cuatro años mientras que otro nacido a finales de diciembre todavía no ha cumplido los tres.
“Cuando tienes tres, son casi un tercio de toda tu vida vivida”, menciona el profesor en el video.
Y esa diferencia de edad puede reflejarse, explica, en cuestiones como el lenguaje, la autonomía, la motricidad, la capacidad para esperar, la regulación emocional o el mantenimiento de la atención.
Pero su reflexión no pretende decir que todos los niños nacidos en diciembre vayan necesariamente por detrás de los nacidos en enero.
El verdadero riesgo aparece, según plantea, cuando interpretamos una diferencia de ritmo como un problema únicamente porque otro niño de la misma clase ya es capaz de hacer algo que él todavía no hace.
La propia normativa infantil habla de respetar el ritmo de cada niño
Hay un detalle importante que refuerza precisamente esa idea. La normativa educativa establece que la evaluación durante esta etapa debe ser “global, continua y formativa” y que la observación directa y sistemática será su principal herramienta.
Pero añade algo especialmente relacionado con esta reflexión: la evaluación debe servir para conocer “las condiciones iniciales individuales y el ritmo y características de la evolución de cada niño o niña”.
Es decir, aunque los niños compartan curso, la propia normativa educativa no plantea que todos deban desarrollarse exactamente al mismo ritmo.
¿Hay realmente evidencia de que ser de los pequeños de la clase influya?
Sí existe un fenómeno ampliamente estudiado en educación llamado “efecto de la edad relativa”: las posibles diferencias asociadas a ser de los mayores o de los pequeños dentro de una misma clase escolar.
Pero aquí hay que hacer una precisión importante: esto describe tendencias estadísticas, no permite predecir lo que ocurrirá con un niño concreto.
En 2020, la OCDE publicó un trabajo específico sobre el mes de nacimiento utilizando datos de PISA de más de 45 países y economías. Sus resultados mostraron que los alumnos que habían sido los más pequeños de su grupo al incorporarse al sistema educativo presentaban una mayor probabilidad de haber repetido algún curso en Primaria. También se observaron, en determinados sistemas educativos, asociaciones con aspectos como la percepción de la propia competencia o la autoeficacia.
Conviene subrayarlo: PISA evalúa principalmente a estudiantes de 15 años, por lo que estos resultados no demuestran directamente qué ocurre con un niño de tres años dentro de un aula infantil. Sí muestran que la edad es una variable que los investigadores han detectado posteriormente en la trayectoria escolar.
“Cada niño tiene su ritmo”: el matiz que también hacen los profesores
Entre los numerosos comentarios que ha provocado el video aparece precisamente este matiz.
Una maestra explicaba: “Es nuestra labor y responsabilidad respetar el ritmo de cada alumno [...] Cada niño tiene su ritmo y sus circunstancias, no se puede generalizar”.
Y las experiencias de las familias son muy diferentes.
Una madre de dos mellizas nacidas en diciembre contaba que durante su infancia sí percibió mucho la diferencia, pero que “en los primeros cursos de Primaria casi se igualaron” y actualmente no aprecia diferencias.
Otra madre ofrece justo el contrapunto: su hija nació en diciembre y no ha observado ninguna diferencia destacable en lenguaje o autonomía. El consejo de su profesora resume quizá buena parte del debate: “Paso a paso y sin prisa”.
También hay familias que sí reconocen diferencias en cuestiones tan cotidianas como el pañal, la siesta o la motricidad, aunque recalcan algo fundamental: “No son unos más que otros”.
Si tu hijo es de final de año, estas 5 ideas pueden ayudarte a ponerlo en perspectiva
1. Mira su evolución, no solo la comparación con sus compañeros.
La pregunta más útil puede no ser “¿por qué todavía no hace lo que hace ese niño?”, sino “¿cómo ha evolucionado él durante los últimos meses?”.
2. Ten en cuenta su edad real.
En edades muy tempranas, unos cuantos meses representan una proporción importante de la vida del pequeño y pueden hacerse visibles en algunas adquisiciones.
3. No conviertas el mes de nacimiento en una explicación para todo.
Dos niños nacidos el mismo día también pueden desarrollarse a ritmos muy distintos. Temperamento, experiencias, entorno y características individuales influyen igualmente.
4. Habla con la escuela si algo te preocupa.
La visión conjunta de familia y docentes permite observar al pequeño en diferentes situaciones y valorar su evolución con más información.
5. Respetar el ritmo no significa ignorar una dificultad.
Si una preocupación persiste, aparece en distintos contextos o el niño deja de adquirir habilidades que ya tenía, conviene consultarlo con los profesionales adecuados. La edad relativa puede aportar contexto, pero no debería utilizarse automáticamente para explicar cualquier dificultad.
No es que haya que mirar con preocupación a los niños nacidos en noviembre o diciembre ni que todos necesiten un trato diferente, sino que el experto propone algo bastante más sencillo: recordar la edad del niño que tenemos delante antes de medirlo con el ritmo del que está sentado a su lado.
Y tenerlo en cuenta no significa esperar menos de ellos. Significa permitirles llegar sin convertir cada diferencia de tiempo en una carrera.











