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Curioso: por qué algunos bebés no se asustan con el ladrido del perro de casa al nacer

12 Jun 2026
ladrido perro recien nacido

Muchas madres cuentan una escena que sorprende al llegar del hospital: el perro ladra, todos esperan el sobresalto… pero el recién nacido reacciona de una forma inesperada.

Hay una escena que muchas familias con perro imaginan antes de que nazca el bebé. Llegan a casa con el recién nacido, abren la puerta, el perro se emociona, ladra… y los adultos contienen la respiración esperando el llanto.

Pero en redes sociales, muchas madres están contando justo lo contrario: que sus bebés no se sobresaltaron al escuchar ladrar al perro de casa. La conversación se ha reactivado a raíz de un reel de Instagram en el que se explica que, si durante el embarazo había un perro en la familia, el bebé podría llegar al mundo con ese sonido ya incorporado a su universo cotidiano.

 
 
 
 
 
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Qué se dice en el video

En el video, una locutora plantea la idea de forma muy directa: si estás embarazada y tienes perro, tu bebé “va a reconocer” a ese perro cuando nazca. La explicación que da es que, durante el embarazo, los bebés tienen memoria de algunos sonidos que escuchan en el vientre de la madre y que, si el ladrido forma parte del día a día de la casa, el recién nacido podría no asustarse al escucharlo después del parto.

La frase ha conectado de lleno con muchas madres. “Teníamos miedo de que nuestro perro, que ladra como loco, fuera a despertarla todo el tiempo y ella ni parpadeaba cuando ladraba”, contaba una usuaria. Otra madre, con una bebé de un mes, decía que en su casa pasa lo mismo: el perro ladra “por todo” y la pequeña no se asusta ni llora. “Desde la panza lo escuchó”, resumía.

“Confirmo”: las madres que dicen haberlo vivido

Entre los comentarios, muchas familias cuentan escenas muy parecidas: bebés de diez días que se sobresaltan con cualquier ruido pero no con el ladrido del perro; recién nacidos que siguen durmiendo aunque el perro ladre en casa; familias con varios perros que aseguran que el bebé parece haber llegado ya acostumbrado al “concierto” doméstico.

“Tenemos cuatro perrhijos en casa y hace tres semanas que llegó bebé; hasta hoy no se inmuta con los ladridos”, cuenta una madre. Otra asegura que su bebé “se despierta con el vuelo de una mosca”, pero no cuando ladra el perro. También hay quien lo resume con una imagen muy reconocible para cualquier familia con animales: el perro ladra, corre, se emociona… y el recién nacido sigue durmiendo.

No siempre pasa: el matiz importante

También hay madres que introducen el matiz necesario. “En mi caso no”, dice una. Otra cuenta que su bebé “a veces se asusta y a veces no, depende”. Y una pregunta resume la duda que probablemente se hacen muchas familias al leer este tipo de afirmaciones: “¿Pero cómo se sabe lo que oye un bebé en la pancita?”.

La respuesta está en un punto intermedio entre la emoción y la prudencia. No se puede afirmar, con rigor, que un recién nacido “reconozca a su perro” como individuo. No sabe que ese ladrido pertenece a Toby, Kira, Chispa o Mocca. Pero sí es posible que algunos sonidos repetidos durante el embarazo le resulten familiares al nacer.

Qué oye realmente un bebé antes de nacer

El útero no es un lugar silencioso. Durante el embarazo, el bebé está rodeado de sonidos internos: el latido del corazón de la madre, la respiración, la circulación, los movimientos digestivos. A medida que avanza la gestación, también empiezan a llegar sonidos del exterior, aunque no de la misma forma en que los oímos nosotros.

La voz, la música, los ruidos cotidianos de la casa o incluso un ladrido llegan amortiguados, filtrados por el cuerpo de la madre y el líquido amniótico. No son sonidos nítidos, pero pueden formar parte del ambiente sonoro del bebé, sobre todo en el último trimestre.

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Por qué el ladrido del perro de casa podría resultarle familiar

La investigación sobre audición fetal y aprendizaje prenatal ha mostrado que los recién nacidos pueden responder de forma diferente a sonidos que escucharon antes de nacer. Esto se ha estudiado especialmente con la voz materna, con patrones del habla y con melodías repetidas durante el embarazo. Por eso se sabe que, antes de nacer, el bebé no vive aislado del mundo exterior: recibe estímulos, responde a algunos de ellos y puede mostrar cierta familiaridad después del parto.

Aplicado al perro de casa, lo más prudente sería decirlo así: si un bebé ha escuchado muchas veces el ladrido durante el embarazo, ese sonido podría resultarle familiar al nacer. Eso podría explicar que algunos recién nacidos no se sobresalten tanto ante el ladrido del perro familiar como ante otros ruidos inesperados.

La palabra importante aquí es “algunos”. No todos los bebés reaccionan igual. Influyen el volumen del ladrido, el momento, el temperamento del bebé, si está dormido o despierto, cómo ha sido la exposición durante el embarazo y hasta el tipo de ladrido del perro. Un ladrido seco, repentino y muy cerca del bebé puede asustar aunque el sonido sea conocido. Y que un bebé no se inmute una vez no significa que siempre vaya a reaccionar igual.

Reconocer un sonido no es lo mismo que reconocer al perro

También conviene distinguir entre reconocer un sonido y reconocer al animal. El bebé puede haber escuchado ese ladrido muchas veces, pero el vínculo con el perro se construirá después: con la convivencia, el olor, las rutinas, la presencia, las miradas y, con el tiempo, las primeras interacciones.

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Por eso, esta idea no debe entenderse como una garantía, sino como una posibilidad preciosa: quizá el perro de casa no sea del todo “nuevo” para el bebé. Quizá su ladrido, sus pasos por el pasillo o ese revuelo que monta cuando alguien llama a la puerta ya formaban parte, de alguna manera, de la banda sonora del embarazo.

Eso sí: que un sonido resulte familiar no significa que bebé y perro puedan estar juntos sin supervisión. La llegada de un recién nacido también es un cambio enorme para el animal. Hay nuevos olores, nuevos horarios, menos atención, visitas, llantos y movimientos que pueden desconcertarle. La presentación debe ser tranquila, progresiva y siempre vigilada por un adulto. Incluso el perro más bueno, cariñoso y acostumbrado a la familia necesita tiempo, espacio y acompañamiento.

Una forma preciosa de empezar a conocerse

Para las embarazadas que tienen perro en casa, esta conversación tiene algo especialmente tierno. Tal vez ese ladrido que ahora te preocupa, ese sonido que piensas que despertará al bebé o que hará más difícil la llegada a casa, ya sea para él una pequeña pista de hogar.

Y para las madres recientes que lo han vivido —las que vieron a su bebé seguir dormido mientras el perro ladraba, las que se sorprendieron al ver que no se asustaba, las que sintieron que de algún modo ya se conocían—, quizá la explicación no le quite magia al momento. Al contrario.

Porque puede que tu bebé todavía no sepa quién es tu perro. Puede que aún no entienda su emoción, su cola moviéndose o sus ganas de acercarse. Pero antes de verlo, antes de tocarlo y antes de que empiece esa relación que tantas familias recuerdan durante años, tal vez ya había escuchado una parte de él.

Y eso, para una casa que espera a un bebé con un perro dentro, es una forma muy bonita de empezar.

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