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"No entendía que era mi hijo": despertó del coma sin recordar que había dado a luz. ¿Qué pasó?
La escritora Samina Ali comparte el difícil camino que comenzó el día en que nació su primer hijo. Su testimonio pone el foco en una enfermedad que requiere detección y atención rápidas.
Ver a un bebé por primera vez suele quedar grabado para siempre en la memoria de una madre. En el caso de la escritora Samina Ali, aquel encuentro estuvo marcado por la confusión, el dolor y las consecuencias de una grave lesión cerebral.
En 1999, durante el nacimiento de su primer hijo, Ishmael, Ali sufrió una emergencia obstétrica relacionada con la preeclampsia. Tras una convulsión generalizada, permaneció cinco días en coma. Cuando despertó, no recordaba que había estado embarazada ni que acababa de dar a luz. Tampoco reconocía a su marido y tenía serias dificultades para comunicarse en inglés.
La escritora ha reconstruido aquella experiencia en una entrevista concedida al programa Outlook, de BBC World Service, publicada posteriormente por BBC Mundo. La frase que encabeza este artículo procede de ese testimonio y resume uno de los momentos más duros de su recuperación: cuando le acercaron a su bebé, su cerebro aún no podía comprender quién era.
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Durante los primeros meses, nada parecía indicar que el embarazo fuera a terminar de aquella manera. Samina era joven, se encontraba en buena forma física y las primeras revisiones no habían despertado una preocupación especial.
Sin embargo, según explicó en la entrevista, ella sentía desde el principio que algo no estaba bien. Al recordar esa etapa, afirmó que "por fuera, mi embarazo parecía de manual", aunque una inquietud persistente la acompañó durante buena parte de la gestación.
En el séptimo mes comenzaron a aparecer síntomas más claros. Samina sufrió una hinchazón intensa, vómitos y alteraciones visuales. Estas manifestaciones pueden tener distintos orígenes, pero también se encuentran entre las señales que requieren descartar una preeclampsia, especialmente cuando aparecen de forma repentina, son intensas o se acompañan de dolor de cabeza y aumento de la presión arterial.
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Ali relató que consultó por su estado, pero sintió que sus preocupaciones no estaban siendo atendidas como esperaba. El parto comenzó poco después. Además de las contracciones, experimentó un fuerte dolor de cabeza, molestias en el pecho y episodios de pérdida de consciencia.
Su hijo nació mientras ella se encontraba ya gravemente afectada. Conserva recuerdos fragmentados de aquellos minutos, pero sabe que aproximadamente veinte minutos después del nacimiento sufrió una convulsión generalizada. Fue trasladada a cuidados intensivos y permaneció en coma durante cinco días.
Al despertar, podía reconocer a sus padres y hermanos, relacionados con los recuerdos más antiguos de su vida. También conservaba el urdu, la lengua de su infancia. En cambio, había perdido gran parte de su capacidad para expresarse en inglés y no recordaba ni su matrimonio ni el embarazo.
Los profesionales consideraron que acercarle al recién nacido podría ayudarla a reconectar con lo sucedido. Pero cuando colocaron a Ishmael sobre su cuerpo, Samina no pudo identificarlo como su hijo. Solo percibía el peso del bebé sobre los cables y tubos que tenía conectados y el dolor que aquello le provocaba.
Su reacción no respondía a una falta de afecto ni a un rechazo voluntario. El daño cerebral había alterado su memoria y su capacidad para interpretar la realidad. En ese momento, no podía vincular al recién nacido con el embarazo ni comprender por qué su familia esperaba de ella una respuesta emocional determinada.
Preeclampsia: por qué algunos síntomas necesitan una valoración urgente
- La preeclampsia es una complicación del embarazo asociada a una elevación de la presión arterial y a signos de afectación de uno o varios órganos. Suele aparecer después de la semana 20, aunque también puede manifestarse por primera vez en los días posteriores al parto.
- Uno de sus principales riesgos es que puede avanzar sin producir síntomas evidentes. Por eso, los controles prenatales, la medición periódica de la tensión y las pruebas indicadas por los profesionales son fundamentales para detectarla.
- Cuando aparecen señales, pueden incluir dolor de cabeza intenso o persistente, visión borrosa o destellos, hinchazón repentina de la cara o las manos, dolor en la zona superior del abdomen, dificultad para respirar y náuseas o vómitos durante la segunda mitad del embarazo.
- Estos síntomas no significan necesariamente que exista una preeclampsia, pero no deben atribuirse automáticamente al cansancio o a las molestias habituales de la gestación. Si son intensos, repentinos o diferentes de lo habitual, requieren una consulta médica.
- En los casos graves, la enfermedad puede evolucionar a eclampsia y causar convulsiones. También puede asociarse al síndrome HELLP, una complicación que afecta a los glóbulos rojos, el hígado y la coagulación. Los riñones, los pulmones, el cerebro y la placenta también pueden verse comprometidos.
- El tratamiento se adapta a la gravedad del cuadro y al momento del embarazo. Puede incluir vigilancia estrecha, medicación para controlar la presión arterial, fármacos para prevenir convulsiones y, cuando resulta necesario, adelantar el nacimiento.
- La atención debe continuar durante el puerperio. Un dolor de cabeza muy intenso, problemas de visión, falta de aire, dolor abdominal fuerte o un empeoramiento repentino del estado general también necesitan una valoración urgente después del parto.
Para Samina, sobrevivir fue solo el principio. Tuvo que volver a aprender a caminar, hablar y comprender muchos aspectos de su entorno. Al describir aquella etapa, resumió la magnitud del proceso con una imagen muy personal: "Tenía el cerebro hecho pedazos".
Mientras Ishmael aprendía a hablar y a mantenerse en pie, ella recuperaba capacidades que había adquirido muchos años antes. Con el tiempo, aquella experiencia paralela contribuyó a crear entre ambos una relación muy estrecha.
La historia de Samina Ali es excepcional por su gravedad y no representa la evolución habitual de la mayoría de los embarazos. Sin embargo, deja un mensaje que merece ser escuchado: cuando una mujer siente que algo no va bien, pedir ayuda y solicitar una nueva valoración nunca debería considerarse una exageración.
La maternidad tampoco comienza siempre con el instante perfecto que habíamos imaginado. A veces empieza entre el miedo, la enfermedad y la necesidad de reconstruirse. El vínculo puede necesitar tiempo, apoyo y cuidado, pero eso no lo hace menos profundo ni menos verdadero.
Fuente de las imágenes: @samina-ali-writer



