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"Un día, tus hijos buscarán fotos contigo... Que las encuentren": la reflexión de una mamá que te va a llegar al alma
Una famosa creadora de contenido y mamá ha compartido un mensaje que ha tocado una fibra muy sensible: muchas madres fotografían cada instante de la infancia de sus hijos, pero apenas aparecen en esos recuerdos familiares. Su petición a los padres es sencilla: no esperes a que ella te pida la foto.
Abres la galería del celular y ahí están: el bebé dormido sobre el pecho de su padre, los primeros paseos, los cuentos antes de acostarse, los juegos en el suelo, los abrazos, las risas y los cumpleaños.
Los recuerdos familiares se cuentan por cientos. Sin embargo, cuando buscas a la madre, muchas veces apenas aparece. Y cuando lo hace suele ser en una selfie que ella misma tomó estirando el brazo para intentar formar parte del momento.
La creadora de contenido Cris Soler ha puesto palabras a esta realidad en una publicación acompañada de varias fotografías con sus hijos. Su mensaje está dirigido especialmente a los padres: deberían hacer fotos de las madres de sus hijos antes de que ellas tengan que pedirlo.
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Porque las fotografías que más valor tendrán con el paso del tiempo probablemente no sean las preparadas, las que se repitieron varias veces hasta que todos miraron a cámara o aquellas para las que alguien tuvo que interrumpir el momento y pedir: «Espera, tómanos una foto».
Serán las imágenes de un día cualquiera. La madre cargando en brazos a su bebé después de la siesta. Leyendo un cuento. Consolando un llanto. Dando un beso distraído. Jugando en el suelo o mirando a su hijo mientras él le cuenta algo que, para él, es importantísimo.
Escenas que hoy parecen completamente normales, pero que dentro de unos años pueden convertirse en pequeños tesoros.
No le tomes una foto posando, tómale una foto siendo su madre
La reflexión de Cris Soler no pide fotografías perfectas. Tampoco sesiones preparadas ni imágenes dignas de enmarcar. Pide algo mucho más sencillo: que alguien mire a esa madre mientras está cuidando, acompañando y queriendo a sus hijos, y piense que ese instante también merece conservarse.
Quizás tenga el pelo recogido de cualquier manera. Quizás lleve la playera manchada, esté cansada o la casa no aparezca precisamente ordenada. Puede que ni siquiera le guste cómo sale al ver la fotografía por primera vez. Pero, dentro de unos años, probablemente nada de eso importe.
Sus hijos no se fijarán en las ojeras ni en si su madre estaba mirando a cámara. Verán sus brazos rodeándolos, la forma en la que los miraba y el lugar en el que se sentían seguros.
Como explica la creadora, esas fotografías no solo les recordarán lo que estaban haciendo, sino algo todavía más importante: cómo se sentían cuando estaban con ella.
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Muchas madres solo tienen selfies con sus hijos
La publicación ha provocado que numerosas mujeres se reconozcan en la misma situación. Algunas admiten que todas las fotografías que conservan con sus hijos son selfies. Una de ellas cuenta que lleva cuatro años siendo madre y que no tiene ninguna imagen espontánea con sus pequeños; otra explica que su bebé está a punto de cumplir dos meses y que, aparte de los selfies, solo conserva una fotografía que le tomó su propia madre en el hospital.
Son testimonios que muestran una ausencia tan frecuente que a veces pasa desapercibida. La madre está presente en cada paseo, cada toma, cada siesta y cada juego, pero no siempre queda constancia de ello.
También se ha sentido identificada una fotógrafa que reconoce estar siempre detrás de la cámara. Una posición que muchas madres conocen bien, aunque no se dediquen profesionalmente a la fotografía: son ellas quienes capturan los primeros pasos, las risas, los juegos con papá y los momentos familiares, pero pocas veces alguien recuerda fotografiarlas mientras los viven.
Otras mujeres han reconocido con humor una contradicción muy habitual: desean tener más fotografías espontáneas, pero cuando por fin alguien les hace una no les gusta cómo salieron y piden repetirla. Sin embargo, una seguidora resume muy bien lo verdaderamente importante: con el tiempo dará igual si la imagen era favorecedora; lo esencial será que sus hijos tengan recuerdos junto a ellas.
No se trata de convertir esta reflexión en un reproche. Se trata de prestar un poco más de atención a quién sostiene habitualmente la cámara y de preguntarse si esa persona también aparece en la historia familiar que se está construyendo.
Que también haya pruebas de que mamá estuvo ahí
Muchas madres están presentes en cada detalle de la infancia de sus hijos. Preparan, acompañan, consuelan, organizan, juegan, abrazan y observan. Son una parte fundamental de los recuerdos, aunque con demasiada frecuencia no aparezcan físicamente en ellos.
Por eso, hacer una fotografía espontánea puede ser también una forma sencilla de decir: «Te veo. Veo lo que haces. Veo cómo los quieres y quiero que ellos también puedan verlo algún día».
Seguramente esa foto no será perfecta. Puede que esté movida, que la luz no sea la mejor o que mamá proteste al verla. Pero no tiene que ser perfecta para ser valiosa.
Porque los hijos crecen. Los brazos que hoy los sostienen un día dejarán de poder levantarlos. Los cuentos antes de dormir cambiarán y algunos momentos cotidianos desaparecerán sin que nadie se dé cuenta de que eran los últimos.
No hace falta vivirlo con tristeza ni intentar retener cada segundo. Basta con estar presentes y, de vez en cuando, guardar una pequeña muestra de ese amor cotidiano.
Haz la foto.
Para que, cuando tus hijos busquen imágenes con su madre, las encuentren. Y para que ella también pueda mirar atrás y comprobar algo que quizá, en medio del cansancio y las prisas, no siempre consiguió ver: que estuvo allí, queriéndolos, durante todos esos días aparentemente normales. ¡Un abrazo a todas nuestras madres!



